La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"La castidad brillaba en su mirada", y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado. También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse "a llorar su pobre vida, en soledad". Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: "No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: "La mayor desgracia para nosotros los párrocos -deploraba el Santo- es que el alma se endurezca"; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios". Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!". Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: "¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Les enseñaba el Cura de Ars, "Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración". Y les persuadía: "Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él...". "Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis". Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que "no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración... Contemplaba la hostia con amor" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa... Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Angelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010 (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?

Warning: Attempt to modify property of non-object in /home2/odad998j/public_html/anosacerdotalinfo/components/com_jomcomment/mambots.php on line 142

Oraciones para sacerdotes

Plegaria Sacerdotal

10 Septiembre 2009

Escrito por Antonio Díaz TORTAJADA - Sacerdote-periodista    

 

Señor Jesús:

Sacerdote eterno, presente en el sacramento eucarístico,

Tú buscaste el corazón de cada hombre para hacer de él una nueva criatura.

De ti nació un pueblo nuevo.

Image

Un pueblo que, al principio, fue sólo un grupo reducido,

pero dueño de una magnífica promesa: Integrar a toda la humanidad.

Tú llamaste  a los que quisiste

para que participaran de tu sacerdocio;

no te elegimos nosotros a ti,

sino que fuiste tú quien nos eligió a nosotros.

Más aún, tú nos has descubierto que,

detrás de tu llamada, está la elección misteriosa de Dios Padre.

Nos llamaste a seguirte;

es decir, a ir en pos de ti, a recorrer tu propio camino;

por tanto, nos exiges sobre todo una gran confianza en ti;

confianza total, entrega completa a tu persona.

Sacerdote eterno: Tú nos llamas a ser tus discípulos

a repetir, acompañados por ti, tu propia vida y misión.

Y esa habrá de ser en adelante

nuestra tarea fundamental como llamados a prolongar tu sacerdocio.

Una tarea que englobará y dará nuevo sentido

a toda nuestra existencia.

Somos tus discípulos,

y sientes un gran amor por nosotros.

Nos consideras como tu auténtica familia, tus amigos, no tus siervos.

Te preocupas de nosotros como una madre solícita

se esfuerza por no perder a sus hijos;

nos corriges con dulzura,

nos educas con una paciencia infinita.

Queremos aceptarte como el sentido único y absoluto de la vida:

Nos exiges el desprendimiento total de los bienes

y la renuncia a formar una familia.

Tú eres el objetivo prioritario de nuestra vida:

Tú por encima de todo.

Cada mañana vuelves a poner delante de nuestras miradas

la exigencia con que comenzó toda nuestra historia personal:

“Sal de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre,

y ven a la tierra que te mostraré”.

¡Qué difícil resulta cortar amarras y seguirte…!

Cada mañana nos propones un camino de amor;

y no hay amor sin libertad.

La respuesta a este amor ha de ser personal, consciente y libre,

e implica a toda la persona.

Para seguirte como sacerdotes

hay que tomar una decisión personal e intransferible.

Negarse a sí mismo y tomar tu cruz…

Más pronto o más tarde,

en nuestra vida sacerdotal si esta abierta al amor

aparecerá el sufrimiento que lo cambia todo.

Es una prueba que, o destruye o madura.

El sufrimiento mal encajado rebela,

endurece y agría el corazón humano;

el sufrimiento aceptado como fruto del amor

ensancha la capacidad de amar y comprender, humaniza y fecunda.

El amor a los hermanos que has puesto en nuestra vida,

ese vaciarse para que tengan vida y vida abundante

produce dolor y sufrimiento;

aceptar este sufrimiento es tratar de vivirlo con amor

y situarlo en la perspectiva de la esperanza,

vivirlo como dolor de parto y no como dolor de muerte.

Además, Señor Jesús:

Estamos vocacionados a llevar también las cruces de los otros.

Y tomar la cruz de nuestros hermanos

significa también saberse complicar la vida en favor de ellos;

no sólo preocuparse por lo propio,

sino hacer del dolor y sufrimiento de los otros nuestro propio sufrimiento.

Señor Jesús:

Tú nos has llamado a compartir tu sacerdocio.

Aquí está el secreto.

Porque se trata de un camino difícil,

imposible de recorrer con nuestras propias fuerzas.

Sólo hay una forma de hacerlo:

Ponernos detrás de ti

y hacer que nuestros pies vayan pisando tus mismas huellas,

vivir contigo y como Tú.

Aprenderemos de esta forma a convivir contigo:

Así Tú, Sacerdote eterno, nos vas moldeando como discípulos

para que seamos imagen viva de tu presencia en el mundo.

El resultado de este seguimiento

será la plena identificación contigo.

Ya no seremos nosotros los que viviremos,

será tu sacerdocio, quien vivirá en nosotros.

Señor Jesús:

Nos has enviado a predicar con el poder de expulsar a los demonios.

Nos has enviado a ejercitar una tarea:

Nos has llamado a proclamar el Reino de Dios.

Que no seamos aprendices de un mensaje para después repetirlo

sino que te anunciemos a ti como camino, verdad y vida;

para ello, tenemos que estar contigo en intimidad constante,

escuchándote e identificándonos con tu estilo de vivir.

Sólo así podremos predicarte, anunciarte y comunicarte,

es decir, dar testimonio de lo que hemos visto y oído.

En definitiva,

podremos decir que los sacerdotes en nuestro mundo

somos Jesús mismo, que prolongamos tu acción,

que somos otro Cristo en la historia

que transmitimos a Jesús que se ensancha para poder llegar a todos.

¡Sublime poder otorgado a los frágiles hombres!

¡Gran tesoro llevado en vasijas de barro!

Señor Jesús, Sacerdote eterno:

La dignidad de nuestra vocación sacerdotal,

se expresa en nuestra disponibilidad para servir,

según tu ejemplo,

que no viniste al mundo para ser servido sino para servir.

A la luz de esta actitud tuya,

sólo sirviendo podremos verdaderamente reinar.

Es decir,

que toda nuestra vida la entendamos y la vivamos como un servicio,

sólo así reinaremos como Tú, Señor.

Ahora nos volvemos a tu madre y señora nuestra, María.

Reina de los sacerdotes:

¡Tú eres nuestro refugio y esperanza en este tiempo!

¡Tú eres la reina de la esperanza!

Como una vez oraste en medio de los Apóstoles de tu Hijo Jesús

pidiendo el don prometido del Espíritu Santo,

intercede ahora por nosotros tu sacerdotes

para que por el poder de este mismo Espíritu seamos verdaderos testigos de Cristo tu Hijo.

A Él sea la gloria por los siglos.

Amén
 

Campanas y Relojes Visualizador Año Sacerdotal: plegaria a María por los sacerdotes

09 Septiembre 2009

Por Juan Pablo II, en la exhortación apostólica postsinodal "Pastores dabo vobis"

Oh María,

Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:

acepta este título con el que hoy te honramos

para exaltar tu maternidad

y contemplar contigo

el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,

oh Santa Madre de Dios.

 

Madre de Cristo,

que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne

por la unción del Espíritu Santo

para salvar a los pobres y contritos de corazón:

custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,

oh Madre del Salvador.

Madre de la fe,

que acompañaste al templo al Hijo del hombre,

en cumplimiento de las promesas

hechas a nuestros Padres:

presenta a Dios Padre, para su gloria,

a los sacerdotes de tu Hijo,

oh Arca de la Alianza.

Madre de la Iglesia,

que con los discípulos en el Cenáculo

implorabas el Espíritu

para el nuevo Pueblo y sus Pastores:

alcanza para el orden de los presbíteros

la plenitud de los dones,

oh Reina de los Apóstoles.

Madre de Jesucristo,

que estuviste con Él al comienzo de su vida

y de su misión,

lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,

lo acompañaste en la cruz,

exhausto por el sacrificio único y eterno,

y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo:

acoge desde el principio

a los llamados al sacerdocio,

protégelos en su formación

y acompaña a tus hijos

en su vida y en su ministerio,

oh Madre de los sacerdotes. Amén

   

Bibliografía del mensaje para el Año Sacerdotal

04 Septiembre 2009

Colección de textos mencionados en la bibliografía que se sugiere en el mensaje del Prelado para el Año Sacerdotal. Incluye links a documentos más extensos.

01 de junio de 2009

SURCO (n. 499)

Afirmas que vas comprendiendo poco a poco lo que quiere decir “alma sacerdotal”... No te enfades si te respondo que los hechos demuestran que lo entiendes sólo en teoría. —Cada jornada te pasa lo mismo: al anochecer, en el examen, todo son deseos y propósitos; por la mañana y por la tarde, en el trabajo, todo son pegas y excusas.

¿Así vives el “sacerdocio santo, para ofrecer víctimas espirituales, agradables a Dios por Jesucristo”?

FORJA (n. 369)

Si actúas —vives y trabajas— cara a Dios, por razones de amor y de servicio, con alma sacerdotal, aunque no seas sacerdote, toda tu acción cobra un genuino sentido sobrenatural, que mantiene unida tu vida entera a la fuente de todas las gracias.

ES CRISTO QUE PASA (n. 79)

Nuestro Padre Dios nos ha dado, con el Orden sacerdotal, la posibilidad de que algunos fieles, en virtud de una nueva e inefable infusión del Espíritu Santo, reciban un carácter indeleble en el alma, que los configura con Cristo Sacerdote, para actuar en nombre de Jesucristo, Cabeza de su Cuerpo Místico. Con este sacerdocio ministerial, que difiere del sacerdocio común de todos los fieles esencialmente y no con diferencia de grado, los ministros sagrados pueden consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ofrecer a Dios el Santo Sacrificio, perdonar los pecados en la confesión sacramental, y ejercitar el ministerio de adoctrinar a las gentes, in iis quæ sunt ad Deum, en todo y sólo lo que se refiere a Dios.

Por eso el sacerdote debe ser exclusivamente un hombre de Dios, rechazando el pensamiento de querer brillar en los campos en los que los demás cristianos no necesitan de él. El sacerdote no es un psicólogo, ni un sociólogo, ni un antropólogo: es otro Cristo, Cristo mismo, para atender a las almas de sus hermanos. Sería triste que el sacerdote, basándose en una ciencia humana —que, si se dedica a su tarea sacerdotal, cultivará sólo a nivel de aficionado y aprendiz—, se creyera facultado sin más para pontificar en teología dogmática o moral. Lo único que haría es demostrar su doble ignorancia —en la ciencia humana y en la ciencia teológica—, aunque un aire superficial de sabio consiguiese engañar a algunos lectores u oyentes indefensos.

Es un hecho público que algunos eclesiásticos parecen hoy dispuestos a fabricar una nueva Iglesia, traicionando a Cristo, cambiando los fines espirituales —la salvación de las almas, una por una— por fines temporales. Si no resisten a esa tentación, dejarán de cumplir su sagrado ministerio, perderán la confianza y el respeto del pueblo y producirán una tremenda destrucción dentro de la Iglesia, entrometiéndose además, indebidamente, en la libertad política de los cristianos y de los demás hombres, con la consiguiente confusión —se hacen ellos mismos peligrosos— en la convivencia civil. El Orden Sagrado es el sacramento del servicio sobrenatural a los hermanos en la fe; algunos parecen querer convertirlo en el instrumento terreno de un nuevo despotismo.
   

Indulgencias Plenarias por el Año Sacerdotal

04 Septiembre 2009

¿Cómo ganar indulgencias plenarias en el Año Sacerdotal?

Benedicto XVI concederá a los sacerdotes y fieles la indulgencia plenaria con motivo del Año Sacerdotal que se iniciará el próximo 19 de junio, convocado en honor de San Juan María Vianney, según informa el decreto hecho público el martes 12 de mayo de 2009, firmado por el Cardenal James Francis Stafford y el Obispo Gianfranco Girotti, O.F.M. Conv., respectivamente penitenciario mayor y regente de la Penitenciaría Apostólica.

El período comenzará con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, “jornada de santificación sacerdotal” -dice el texto- cuando el pontífice celebrará las Vísperas ante las reliquias del santo traídas a Roma por el obispo de Belley-Ars y concluirá en la Plaza de San Pedro el 19 de junio de 2010 en presencia de sacerdotes de todo el mundo, que “renovarán la fidelidad a Cristo y el vínculo de fraternidad”.

Las modalidades para la obtención de las indulgencias

A) los sacerdotes, arrepentidos de corazón, que recen cualquier día las laúdes o vísperas ante el Santísimo Sacramento expuesto a la adoración pública o en el sagrario y se ofrezcan (...) a la celebración de los sacramentos, sobre todo de la Confesión, se concederá Indulgencia plenaria aplicable a los hermanos en el sacerdocio difuntos como sufragio, si en conformidad con las disposiciones vigentes se confesarán sacramentalmente, comulgarán y rezarán por las intenciones del pontífice. También se concede Indulgencia parcial, siempre aplicable a los hermanos en el sacerdocio difuntos, cada vez que recen oraciones debidamente aprobadas para llevar una vida santa y cumplir los oficios que se les han confiado.

B) “A los fieles cristianos, arrepentidos de corazón que, en la iglesia o en el oratorio asistan a la Santa Misa y ofrezcan por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote y cualquier obra buena cumplida se les concede Indulgencia plenaria, siempre que se hayan confesado sacramentalmente y recen por las intenciones del Papa los días en que se abre y se clausura el Año sacerdotal, en el día del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, los primeros jueves del mes o cualquier otro día establecido por los Ordinarios de los lugares para la utilidad de los fieles”.

Los ancianos, los enfermos y todos aquellos que por motivos legítimos no puedan salir de casa, podrán obtener la Indulgencia plenaria, si con ánimo alejado del pecado y el propósito de cumplir las tres condiciones necesarias apenas les sea posible, “en los días indicados rezan por la santificación de los sacerdotes y ofrecen a Dios por medio de María, Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y sufrimientos”.

Asimismo se concede la Indulgencia parcial a todos los fieles cada vez que recen cinco Padrenuestros, Ave Marías y Glorias, y otra oración debidamente aprobada “en honor del Sagrado Corazón de Jesús para que los sacerdotes se conserven en pureza y santidad de vida”.

Lea aquí el Decreto de la Penitenciaría Apostólica vaticana

   

Letanías de Nuestro Señor Jesucristo Sacerdote y Víctima en latín

03 Septiembre 2009

Se ofrecen las Letanías de Nuestro Señor Jesucristo Sacerdote y Víctima que el Papa Juan Pablo II rezaba en el seminario de Cracovia. He aquí los párrafos en que el Papa evoca su recuerdo:

“A través de las Letanías que había costumbre de recitar en el seminario de Cracovia, especialmente la víspera de la Ordenación presbiteral, he tenido siempre presente la verdad sobre el sacerdocio de Cristo. Me refiero a las Letanías a Cristo Sacerdote y Víctima. ¡Qué profundos pensamientos provocaban en mí! En el sacrificio de la Cruz, representado y actualizado en cada Eucaristía, Cristo se ofrece a sí mismo para la salvación del mundo. Las invocaciones litánicas recorren los diversos aspectos del misterio. Me recuerdan el simbolismo evocador de las imágenes bíblicas que están entretejidas. Me vienen a los labios en latín, como las he recitado en el seminario y después tantas veces en los años sucesivos:

Iesu, Sacerdos et Victima,
Iesu, Sacerdos in aeternum secundum ordinem Melchisedech, ...
Iesu, Pontifex ex hominibus assumpte,
Iesu, Pontifex pro hominibus constitute, ...
Iesu, Pontifex futurorum bonorum, ...
Iesu, Pontifex fidelis et misericors, ...
Iesu, Pontifex qui dilexisti nos et lavisti nos a peccatis in sanguine tuo, ...
Iesu, Pontifex qui tradidisti temetipsum Deo oblationem et hostiam, ...
Iesu, Hostia sancta et immaculata, ...
Iesu, Hostia in qua habemus fiduciam et accessum ad Deum, ...
Iesu, Hostia vivens in saecula saeculorum.

¡Cuánta riqueza teológica hay en estas expresiones! Se trata de letanías profundamente basadas en la Sagrada Escritura, sobre todo en la Carta a los Hebreos. Es suficiente releer este pasaje: "Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, (...) penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros (...) santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!" (Hb 9, 11-14). Cristo es sacerdote porque es el Redentor del mundo. En el misterio de la Redención se inscribe el sacerdocio de todos los presbíteros. Esta verdad sobre la Redención y sobre el Redentor está enraizada en el centro mismo de mi conciencia, me ha acompañado en todos estos años, ha impregnado todas mis experiencias pastorales y me ha mostrado contenidos siempre nuevos”

(del libro “Don y misterio”).

Se ofrecen las Letanías íntegras enb latín y en español.

Letanías de Nuestro Señor Jesucristo Sacerdote y Víctima en latín

Kyrie, eleison Kyrie, eleison
Christe, eleison Christe, eleison
Kyrie, eleison Kyrie, eleison
Christe, audi nos Christe, audi nos
Christe, exaudi nos Christe, exaudi nos
Pater de caelis, Deus, miserere nobis
Fili, Redemptor mundi, Deus, miserere nobis
Spiritus Sancte, Deus, miserere nobis
Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis
Iesu, Sacerdos et Victima, miserere nobis
Iesu, Sacerdos in aeternum secundum ordinem Melchisedech, miserere nobis
Iesu, Sacerdos quem misit Deus evangelizare pauperibus, miserere nobis
Iesu, Sacerdos qui in novissima cena formam sacrificii perennis instituisti, miserere nobis
Iesu, Sacerdos semper vivens ad interpellandum pro nobis, miserere nobis
Iesu, Pontifex quem Pater unxit Spiritu Sancto et virtute, miserere nobis
Iesu, Pontifex ex hominibus assumpte, miserere nobis
Iesu, Pontifex pro hominibus constitute, miserere nobis
Iesu, Pontifex confessionis nostrae, miserere nobis
Iesu, Pontifex amplioris prae Moysi gloriae, miserere nobis
Iesu, Pontifex tabernaculi veri, miserere nobis
Iesu, Pontifex futurorum bonorum, miserere nobis
Iesu, Pontifex sancte, innocens et impollute, miserere nobis
Iesu, Pontifex fidelis et misericors, miserere nobis
Iesu, Pontifex Dei et animarum zelo succense, miserere nobis
Iesu, Pontifex in aeternum perfecte, miserere nobis
Iesu, Pontifex qui per proprium sanguinem caelos penetrasti, miserere nobis
Iesu, Pontifex qui nobis viam novam initiasti, miserere nobis
Iesu, Pontifex qui dilexisti nos et lavisti nos a peccatis in sanguine tuo, miserere nobis
Iesu, Pontifex qui tradidisti temetipsum Deo oblationem et hostiam, miserere nobis
Iesu, Hostia Dei et hominum, miserere nobis
Iesu, Hostia sancta et immaculata, miserere nobis
Iesu, Hostia placabilis, miserere nobis
Iesu, Hostia pacifica, miserere nobis
Iesu, Hostia propitiationis et laudis, miserere nobis
Iesu, Hostia reconciliationis et pacis, miserere nobis
Iesu, Hostia in qua habemus fiduciam et accessum ad Deum, miserere nobis
Iesu, Hostia vivens in saecula saeculorum, miserere nobis
Propitius esto! parce nobis, Iesu
Propitius esto! exaudi nos, Iesu
A temerario in clerum ingressu, libera nos, Iesu
A peccato sacrilegii, libera nos, Iesu
A spiritu incontinentiae, libera nos, Iesu
A turpi quaestu, libera nos, Iesu
Ab omni simoniae labe, libera nos, Iesu
Ab indigna opum ecclesiasticarum dispensatione, libera nos, Iesu
Ab amore mundi eiusque vanitatum, libera nos, Iesu
Ab indigna Mysteriorum tuorum celebratione, libera nos, Iesu
Per aeternum sacerdotium tuum, libera nos, Iesu
Per sanctam unctionem, qua a Deo Patre in sacerdotem constitutus es, libera nos, Iesu
Per sacerdotalem spintum tuum, libera nos, Iesu
Per ministerium illud, quo Patrem tuum super terram clarificasti, libera nos, Iesu
Per cruentam tui ipsius immolationem semel in cruce factam, libera nos, Iesu
Per illud idem sacrificium in altari quotidie renovatum, libera nos, Iesu
Per divinam illam potestatem, quam in sacerdotibus tuis invisibiliter exerces, libera nos, Iesu
Ut universum ordinem sacerdotalem in sancta religione conservare digneris, Te rogamus, audi nos
Ut pastores secundum cor tuum populo tuo providere digneris, Te rogamus, audi nos
Ut illos spiritus sacerdotii tui implere digneris, Te rogamus, audi nos
Ut labia sacerdotum scientiam custodiant, Te rogamus, audi nos
Ut in messem tuam operarios fideles mittere digneris, Te rogamus, audi nos
Ut fideles mysteriorum tuorum dispensatores multiplicare digneris, Te rogamus, audi nos
Ut eis perseverantem in tua voluntate famulatum tribuere digneris, Te rogamus, audi nos
Ut eis in ministerio mansuetudinem, in actione sollertiam et in orationem constantia concedere digneris, Te rogamus, audi nos
Ut per eos sanctissimi Sacramenti cultum ubique promovere digneris, Te rogamus, audi nos
Ut qui tibi bene ministraverunt, in gaudium tuum suscipere digneris, Te rogamus, audi nos
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis, Domine
Iesu, Sacerdos, audi nos
Iesu, Sacerdos, exaudi nos.

Oremus

Ecclesiae tuae, Deus, sanctificator et custos, suscita in ea per Spiritum tuum idoneos et fideles sanctorum mysteriorum dispensatores, ut eorum ministerio el exemplo christiana plebs in viam salutis te protegente dirigatur. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

Deus, qui ministrantibus et ieiunantibus discipulis segregari iussisti Saulum et Barnabam in opus ad quod assumpseras eos, adesto nunc Ecclesiae tuae oranti, et tu, qui omnium corda nosti, ostende quos elegeris in ministerium. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

   

Página 8 de 17

<< Inicio < Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Próximo > Fin >>