La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"La castidad brillaba en su mirada", y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado. También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse "a llorar su pobre vida, en soledad". Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: "No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: "La mayor desgracia para nosotros los párrocos -deploraba el Santo- es que el alma se endurezca"; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas. (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios". Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!". Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: "¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Les enseñaba el Cura de Ars, "Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración". Y les persuadía: "Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él...". "Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis". Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que "no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración... Contemplaba la hostia con amor" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa... Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Angelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
"Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida" (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)
Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010 (Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes por el año sacerdotal, 18-jun-09)

  • ¿Sacerdote Yo? ¿Por qué no?
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Testimonios de sacerdotes

Mujeres, Iglesia, ¿sacerdocio?

20 Junio 2011

Grupo Milenio, un conglomerado mediático mexicano de relativa difusión en ese país, ha desplegado durante el verano de 2009 una campaña de autopromoción bajo el lema “el futuro del periodismo”.

La publicidad en televisión y en megacartelones próximos a avenidas muy transitadas en algunas de las principales ciudades del país ha girado en torno a un tema que podría parecer fuera de lugar pues se trata de un detalle clerical.

La secuencia de imágenes en televisión llevan al momento captado en los anuncios en los megacarteles: una mujer vestida de obispo que representaría, según se nos sugiere, la elección futura de un Papa del sexo femenino. Y añaden como leyenda: “Porque el mundo va a cambiar mucho en el futuro, nosotros ya estamos cambiando la manera de informar”.

Es sabido que en confesiones cristianas como el anglicanismo, y su rama estadounidense, los episcopalianos, consienten, en algunos lugares concretos, ya no sólo la posibilidad de que una mujer accede a la orden sagrada del sacerdocio sino también a la del episcopado.

De hecho, a inicios del mes de agosto de 2009 saltó a la prensa el caso de una mujer y un homosexual que en la diócesis episcopaliana de Los Ángeles, E.U.A., estarían entre los seis candidatos a ser elegidos obispo coadjutor en el próximo mes de diciembre, informaba Los Ángeles Times (cf. 03.08.2009).

Dejando de lado las reacciones suscitadas dentro de la misma comunión anglicana, que en el pasado han sido el detonante de un migrar numerosísimo de fieles hacia la Iglesia católica, se nos pone delante una vez más la espinosa cuestión del “sacerdocio” femenino y el papel de la mujer dentro de la Iglesia.

La doctrina católica, basada en el testimonio personal de Cristo recogido en los Evangelios, es clara: sólo el varón puede acceder a las órdenes sagradas.

En una entrevista concedida al diario Avvenire (cf. 11.07.2008), monseñor Antonio Miralles, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Congregación para el clero y profesor de teología sacramental en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma, reafirmó que “la dignidad de la mujer en la Iglesia no depende del poder acceder al sacerdocio”.

Y también recordó, a propósito de un interrogante sobre por qué la Iglesia católica no admite a las mujeres al sacerdocio: “Cuando en 1975 el arzobispo de Canterbury, Donald Coggan, informó a Pablo VI que los anglicanos estaban a punto de admitir mujeres al sacerdocio, cosa que hicieron después, el Papa Montini le escribió una carta para explicar que la Iglesia católica no se sentía autorizada a hacerlo porque estaba obligada por la elección de Jesucristo, el Señor, de elegir sus apóstoles sólo entre los hombres, y contextualmente pidió a la Congregación para la Doctrina de la Fe que elaborase un documento que diese razón a esta posición. Así nació la declaración Inter Insigniores, publicada en 1976 (se puede consultar en el siguiente enlace). En ella se explica ampliamente las razones que dio Pablo VI. En mayo de 1994 esta posición fue revalidada de modo definitivo con la Carta Apostólica de Juan Pablo II Ordinatio Sacerdotalis (se puede leer haciendo clic aquí).

En marzo de 2006, un joven sacerdote preguntó al Papa: “¿Por qué no hacer que la mujer colabore en el gobierno de la Iglesia? Convendría promover el papel de la mujer también en el ámbito institucional y ver que su punto de vista es diverso del masculino…”.

La prensa mundial hizo grande eco de la pregunta y poco caso a la respuesta. El Papa respondió con ternura y profundidad: “Siempre me causa gran impresión, en el primer Canon, el Canon Romano, la oración especial por los sacerdotes. En esta humildad realista de los sacerdotes, nosotros, precisamente como pecadores, pedimos al Señor que nos ayude a ser sus siervos. En esta oración por el sacerdote, y sólo en esta, aparecen siete mujeres rodeando al sacerdote. Se presentan precisamente como las mujeres creyentes que nos ayudan en nuestro camino. Ciertamente, cada uno lo ha experimentado. Así, la Iglesia tiene una gran deuda de gratitud con respecto a las mujeres […] Las mujeres hacen mucho por el gobierno de la Iglesia, comenzando por la religiosas, por las hermanas de los grandes Padres de la Iglesia, como san Ambrosio, hasta las grandes mujeres de la Edad Media: santa Hildegarda, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila; y recientemente madre Teresa  […] Como sabemos, el ministerio sacerdotal, procedente del Señor, está reservado a los varones, en cuanto que el ministerio sacerdotal es el gobierno en el sentido profundo, pues, en definitiva, es el Sacramento el que gobierna la Iglesia. Este es el punto decisivo. No es el hombre quien hace algo, sino que es el sacerdote fiel a su misión el que gobierna, en el sentido de que es el Sacramento, es decir, Cristo mismo mediante el Sacramento, quien gobierna, tanto a través de la Eucaristía como a través de los demás Sacramentos, y así siempre es Cristo quien preside” (Cf. Encuentro del Papa con los sacerdotes y diáconos de la diócesis de Roma, 2 de marzo de 2006, n. 10: L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 10 de marzo de 2006, p. 6.).

Y el Papa también dijo: “Como sabemos, el ministerio sacerdotal, procedente del Señor, está reservado a los varones, en cuanto que el ministerio sacerdotal es el gobierno en el sentido profundo, pues, en definitiva, es el Sacramento el que gobierna la Iglesia. Este es el punto decisivo. No es el hombre quien hace algo, sino que es el sacerdote fiel a su misión el que gobierna, en el sentido de que es el Sacramento, es decir, Cristo mismo mediante el Sacramento, quien gobierna, tanto a través de la Eucaristía como a través de los demás Sacramentos, y así siempre es Cristo quien preside”.

El sacramento del orden sacerdotal se ha llegado a interpretar como un derecho, cuando es un servicio propio del varón con vocación a servir. No un privilegio del hombre pues, en definitiva, no es él quien elige sino quien resulta elegido, llamado y consagrado, pero nunca por sí mismo.

Interrogado sobre el tema de la aportación clara y visible de la mujer en la Iglesia, el Santo Padre declaró a periodistas de Radio Vaticano y cuatro cadenas alemanas de televisión (Bayerischer Rundfunk, ARD, ZDF y la Deutsche Welle): “…no hay que pensar que en la Iglesia la única posibilidad de desempeñar un papel importante es la de ser sacerdote. En la historia de la Iglesia hay muchísimas tareas y funciones. Basta recordar las hermanas de los Padres de la Iglesia, y la Edad Media, cuando grandes mujeres desempeñaron un papel muy decisivo, y también en la época moderna. Pensemos en Hildegarda de Bingen, que protestaba enérgicamente ante los obispos y el Papa; en Catalina de Siena y en Brígida de Suecia. También en los tiempos modernos las mujeres deben buscar siempre de nuevo –y nosotros con ellas– el lugar que les corresponde. Hoy están muy presentes en los dicasterios de la Santa Sede. Pero existe un problema jurídico: el de la jurisdicción, es decir, el hecho de que, según el derecho canónico, la facultad de tomar decisiones jurídicamente vinculantes va unida al Orden Sagrado” (Cf. La alegría de servir. Entrevista concedida por el Papa Benedicto XVI a Radio vaticana y a cuatro cadenas de televisión alemanas, 5 de agosto de 2006, n. 34: L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de agosto de 2006, p. 7.).

Tal parece que lo que algunos quieren presentar como progreso y apertura al futuro está fuera de la lectura concienzuda de la voluntad de Dios reflejada en los Evangelios. El futuro del periodismo, ciertamente, no está en la instrumentalización del sentimiento religioso de los fieles ni en la manipulación mediática de lo que se quiere presentar como progreso.

La mujer –es justo decirlo y reconocerlo– ha hecho y sigue haciendo mucho bien a la Iglesia con su testimonio y trabajo dentro de ella.

Mujeres de curia

Ciertamente es innegable el valor añadido que con todas sus peculiaridades da la mujer a la vida de la Iglesia católica. No sin razón, muchas de ellas son estrechísimas colaboradoras del Papa en la Curia Romana y hoy por hoy es más visible la participación de la mujer en organismos vaticanos.

Sor Enrica Rosanna, religiosa salesiana de origen italiano, es la subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, cuyo prefecto es el cardenal esloveno Franc Rodé, desde 2002. Esta religiosa ha participado como experta en tres Sínodos (vida consagrada –1994–, Europa –1999– y sobre los obispos –2001–) y fue la primera mujer en obtener un doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana, en 1972, y también la primera en enseñar en una universidad pontificia. Es la misma religiosa que a la pregunta de la revista 30Giorni sobre la posibilidad de admitir a las mujeres al sacerdocio, respondió: “sobre este argumento me remito completamente y con fe al juicio de la Iglesia” (cf. octubre de 2007).

También en el dicasterio para los religiosos colabora, aunque como jefa de oficina, la canonista estadounidense Sharon Holland, cargo homónimo al de la italiana Paola Fabrizini aunque ésta en el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

Mary Ann Glendonn es la flamante presidenta de la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales, especialista en derecho, profesora de la prestigiosa universidad de Harvard y ex embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede. Fue Mary Ann Glendon la primera mujer que representó y encabezó una delegación oficial de la Santa Sede en un congreso internacional convocado por la ONU: la conferencia sobre la mujer de Beijin, en 1995.

María Cristina Carlo-Stella ha dedicado toda su vida al trabajo en la Iglesia. Actualmente es encargada de la Fábrica de San Pedro, cuyo último responsable es el cardenal Angelo Comastri, y anteriormente colaboró como jefa de oficina en la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia. María Gargiolli colabora como experta en asuntos psiquiátricos y psicológicos en el Tribunal de la Rota Romana, ente encargado de los veredictos sobre los casos de nulidad matrimonial. También en el mundo de los tribunales colabora  Ilaria Zuanazzi, docente de derecho canónico y, desde febrero de 2009, la primera mujer que funge como juez en un tribunal eclesiástico en Italia, concretamente en Turín.

En el Pontificio Consejo para los Laicos una peruana dirige la sección dedicada a la mujer. Se trata de Rocío Figueroa, laica consagrada y teóloga de profesión. Silvia Guidi se ha unido muy recientemente a la planilla de redacción de uno de los periódicos más antiguos del mundo: L´Osservatore Romano (el primer número salió 1 de julio de 1861, bajo el pontificado de Pío IX). No es poca cosa: es la primera mujer que estará de modo permanente en el equipo de redacción en la historia del rotativo.

Es también una mujer la directora de la oficina de internet en el Vaticano y la responsable del website de la Santa Sede. Se trata de la hermana Judith Zobelein, de las Hermanas Franciscanas de la Eucaristía, quien en 1991 fue llamada al Vaticano para ayudar en el área informática. En 1995 pidió permiso a Juan Pablo II para lanzar el portal de la Santa Sede y, hoy por hoy, es el site católico más visitado en todo el mundo.

No es todo. Para el sínodo sobre la Eucaristía de octubre de 2005, Benedicto XVI convocó a una docena de auditoras para participar en el mismo: desde la ex embajadora de Filipinas ante la Santa Sede, Enrietta Tambunting de Villa, hasta una fundadora, miembros seglares de movimientos eclesiales y, por supuesto, religiosas de distintas congregaciones.

Para el sínodo sobre la Palabra de Dios, de octubre de 2008, se llegó al mayor número de mujeres participantes en un sínodo: fueron 25 de las cuales 6 participaron como expertas y 19 como auditoras.

De entre las expertas, la mayoría profesoras de Sagrada Escritura, había una estadounidense (Sara Butler, doctora en filosofía, asesora de la Conferencia de obispos católicos de Estados Unidos, profesora de teología dogmática en el seminario San José de Nueva York y miembro de la Comisión Teológica Internacional desde 2004), una española (Nuria Calduch-Benages, profesora de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad Gregoriana), una francesa (Marguerite Lena, profesora de filosofía en el Studium Notre Dame de l´Ecole Cathédrale, en París), una nigeriana (Mary Jerome Obiorah, primera mujer africana en doctorarse en el Pontificio Instituto Bíblico y actual profesora en la Universidad de Nigeria y en el seminario mayor de la arquidiócesis de Onitsha) y dos italianas (Bruna Costacurta, doctora en ciencias bíblicas, consultora de la Conferencia Episcopal Italiana y profesora en la Universidad Gregoriana, y la monja trapense Germana Strola, primera religiosa contemplativa en doctorarse en el Pontificio Instituto Bíblico).

Entre las auditoras hubo dos mujeres africanas, cuatro de Europa del este, dos estadounidenses, tres asiáticas y ocho europeas.

   

¡Gracias, amigo, por ser sacerdote!

10 Junio 2011

Creo que en el corazón de todos los sacerdotes hay una buena disposición y que el estímulo de la fe nos lleva a tener muy presente que el ministerio que hemos recibido está participando de la vida del Maestro que nos ha llamado y sellado con su amor.

Hace pocos días recibí una carta de una jven madre a la que conocí como una niña en la catequesis siendo yo un joven sacerdote en la parroquia a la que servía y asistía. Fueron momentos de viva experiencia evangelizadora pues el barrio, donde estaba enclavada la parroquia, sufría las consecuencias de la secularización y materialismo que tanto daño hacía y ha seguido haciendo. Me dediqué a los jóvenes y a los niños y de ahí que me haya causado una gran alegría una carta que, en este año sacerdotal, tiene un profundo sentido de cara a nosotros, los sacerdotes.

Así me dice: “No sé si te acuerdas de mí, pues por aquel entonces yo era una niña jovencilla y guasona. Ahora soy una mujer felizmente casada ya desde hace veinte años y con una hija estupenda de diecisiete años, a la que creo hemos sabido educar en nuestras creencias de fe y enseñado a vivir, guiándonos siempre de la mano de Jesús, a pesar de los momentos difíciles en los que se mueve la juventud actual. Supongo que hoy día no es fácil ser sacerdote por los ataques constantes que sufre la Iglesia por parte de la sociedad y de las ideologías imperantes. Pero os necesitamos. Créeme, con vuestra humanidad, tenéis algo de sagrado. Por eso las personas están siempre pendientes de vosotros los sacerdotes. Vuestras palabras nunca caen en el olvido. Tenéis un buen corazón: nos  traéis a Jesús todos los días y esto es algo que jamás podremos agradeceros lo suficiente; nos escucháis cuando tenemos problemas, nos aconsejáis, nos tendéis una mano amiga ayudándonos a ser como Jesús quiso que fuéramos. ¡Gracias amigo, por ser sacerdote!”.

Recibir tantas muestras de afecto y sobre todo, manifestando de esta forma tan sencilla la labor del sacerdote, me conmueve. Si bien es cierto lo que más me hace pensar es si la labor que realizamos los sacerdotes la hacemos con la entrega que nos pide el pueblo de Dios al que nos debemos y al que servimos. Creo que en el corazón de todos los sacerdotes hay una buena disposición y que el estímulo de la fe nos lleva a tener muy presente que el ministerio que hemos recibido está participando de la vida del Maestro que nos ha llamado y sellado con su amor.

En este año sacerdotal, que el Papa Benedicto XVI nos ha convocado para una mayor profundización en nuestro ministerio, ha de ser un fuerte revulsivo para fomentar con mayor alegría la misión tan delicada que tenemos y así fortalecer la espiritualidad y la disposición para encontrarnos con la gente que viene a escucharnos o a participar de la vida sacramental. No somos unos funcionarios embadurnados de un tinte religioso sino una profecía y presencia histórica, por deseo de Jesucristo, de su amor y de su misericordia. Vivimos de Cristo, actuamos en nombre de Cristo y obramos en nombre de Cristo. Esta es nuestra vida y así nos debemos dar a los demás: con amor gratuito y con amor oblativo. Lo que suceda después sólo Dios lo medirá. En lo íntimo de la gente hay una ansia de plenitud y de felicidad que solamente lo puede llenar el amor de Dios. Por esto bien merece la pena entregarse y ofrecerse en el ministerio puesto que cada sacerdote, por gracia de Dios y no por mérito propio, lleva consigo el secreto de la felicidad que tiene su origen en el Amor infinito que es Dios. Desde aquí animo a todos los sacerdotes para que sepan que cualquier trabajo que realicen, por mínimo que sea, tiene una repercusión enorme y que sus gestos y palabras son como una semilla de eternidad. Y todo esto es debido porque Jesucristo, siendo la Fuente Viva, es donde la gente quiere beber y saciar su sed.

+ Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona-Tudela

   

Carta de un sacerdote misionero a los periodistas

10 Junio 2011

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos.

10/06/10

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor el profundo mal hecho por personas que deberían ser señales del amor de Dios y han sido un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda de que la Iglesia no puede estar sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto, todas las medidas que sean tomadas para la protección y prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así, aparecen uno de una ciudad de USA de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así otros casos recientes… ¡Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de prejuicios y hasta odio.

¡Es curioso el desinterés y las pocas noticias de miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro puntos cardinales del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar por caminos minados, en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se decidía ni las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar a decenas de niños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que en estos 10 años, con otros sacerdotes, hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.

No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, recorra por las noches las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen a cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de acogida para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato, con sus 80 años, pase casa por casa confortando a los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, para salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay en él miserias, pobrezas y fragilidades, como en cada ser humano; y también belleza y bondad, como en cada criatura…

Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico con las cuales me siento ofendido.

Sólo le pido amigo periodista: busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

 

En Cristo,

P. Martín Lasarte, sdb

   

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